ARTICULA/ Argentina 2026–2036/ Seguridad y narcotráfico
Insumo de discusión

Seguridad y narcotráfico

La cocaína andina está en récord y tiene que salir por algún lado; la Argentina se está volviendo ese lado. Adentro de «narcotráfico» hay cuatro negocios —la esquina, la exportación, el lavado y la captura— y el país combate el más visible y el menos peligroso. ¿Va a elegir combatir el que define la década, con la ventana todavía abierta?
Serie Argentina 2026–2036· Documento de trabajo· Julio 2026
Encuadre

Por qué el narcotráfico entra en la agenda de la década por donde no se lo mira

El tema pesa, pero no por donde se lo suele mirar. Se lo mide por los homicidios —y ahí la Argentina tiene, comparada con la región, una de las tasas más bajas—, y esa foto tranquiliza y despista a la vez. Lo que vuelve decisivo al narcotráfico en la década no es cuánta sangre hay hoy en la calle, sino un movimiento de fondo: la producción de cocaína en los Andes está en su récord histórico, esa oferta tiene que salir por algún lado, y el Cono Sur —la Hidrovía, los puertos del litoral, la frontera norte— se consolidó como corredor de salida hacia Europa, Asia y Oceanía. La Argentina está siendo asignada a un rol —país de tránsito y plataforma de exportación— mientras todavía discute el anterior, el de país de consumo y de violencia barrial.

Entra, entonces, por peso estructural (define qué clase de economía y de Estado tendrá el país), por futuro (lo que se decida ahora es barato; lo que se postergue, carísimo) y por agenda ciudadana (la inseguridad ordena el voto). Lo decisivo es la evolución si no se actúa: la violencia puede seguir baja y, aun así, el país volverse una plataforma de exportación y lavado con las instituciones capturadas de a poco. Conviene, antes de entrar, distinguir los términos y sobre todo los negocios, porque «narcotráfico» nombra varias cosas que amenazan distinto.

Plataforma de tránsito / exportación
País que no produce ni consume la mayor parte de la droga, sino que sirve de ruta de salida hacia otros mercados. Es un rol de bajo costo en violencia y alto costo en corrupción y captura; describe hacia dónde va la Argentina.
Narcomenudeo (o mercado interno)
La venta minorista en el barrio, el último eslabón de la cadena. Es el más visible y el más violento, pero mueve la fracción menor del dinero. No confundirlo con el negocio de exportación: son economías distintas con lógicas distintas.
Lavado de activos
El proceso por el cual el dinero ilícito entra en la economía legal —inmuebles, agro, finanzas, obra— y se vuelve indistinguible del lícito. Es el puente que convierte un delito en poder económico estable.
Captura institucional (o narco-Estado)
El punto en que el dinero del crimen compra decisiones del Estado —policías, fiscales, jueces, campañas—. No es un evento sino un proceso; es lo que define el destino de un país, más que su tasa de homicidios.
Hidrovía / puerto blanco / gancho ciego
El sistema fluvial Paraná-Paraguay y los métodos de contaminación de cargas legales de exportación con cocaína sin conocimiento del exportador. Explican por qué el complejo agroexportador quedó en el centro del problema.
Desfederalización
Transferencia a las provincias de la persecución de los delitos menores de drogas (Ley 26.052, de 2005), por adhesión. Su eficacia para combatir el narcotráfico está en disputa.
I
Origen
del problema
Un país de paso que se volvió plataforma de salida, por una causa que empezó afuera.

La Argentina no fue siempre esto. Durante décadas fue, sobre todo, un país de paso menor y de consumo secundario: la droga entraba, algo se quedaba, poco salía. Lo que cambió no fue un hecho argentino sino uno regional, y esa es la clave para no leer el problema como si empezara en un barrio de Rosario.

El cambio de fondo es la oferta. La producción de cocaína en Colombia, Perú y Bolivia creció sin freno en la última década hasta marcar récords, y toda esa producción necesita rutas de salida. A medida que los corredores tradicionales —el Caribe, el Pacífico— se tensaron, el crimen organizado transnacional abrió y consolidó el corredor del Cono Sur: cocaína que baja de Bolivia y Paraguay, entra por la frontera norte, y sale por la Hidrovía Paraná-Paraguay y los puertos del litoral hacia Europa y Asia. La ventaja argentina para ese negocio es doble y estructural: una frontera norte extensa y poco controlada, y una de las infraestructuras agroexportadoras y portuarias más grandes del hemisferio sur —la misma que genera las divisas del país— que ofrece la cobertura ideal para la carga oculta.

Sobre ese cambio de rol se montaron los demás eslabones: el mercado interno dio volumen al narcomenudeo en las grandes ciudades; la debilidad de los controles financieros y una economía con mucho efectivo abrieron la puerta al lavado; y la baja capacidad de la justicia federal para perseguir el dinero dejó servido el eslabón más peligroso, la penetración en policías, tribunales y financiamiento político. Rosario, en esta historia, no es el origen sino la alarma: fue donde el negocio se volvió visible y sangriento. Pero mirar la violencia de Rosario es mirar el eslabón visible; el negocio que define la década pasaba, mientras tanto, por los puertos y por el sistema financiero, sin muertos que lo señalaran.

La línea que llega hasta hoy
2005
La Ley 26.052 habilita la desfederalización del narcomenudeo: las provincias pueden hacerse cargo de los delitos menores de droga. La mayoría no la asume con recursos, y el mapa de la persecución queda desparejo.
Década de 2010
La producción andina se dispara. Los corredores tradicionales del Caribe y el Pacífico se tensan y el Cono Sur gana peso como ruta de exportación: la Hidrovía y los puertos del litoral empiezan a mover volumen.
2013–2014
La violencia narco de Rosario estalla —los homicidios llegan a cuadruplicar la media nacional— y pone el tema en la agenda nacional. El eslabón visible se vuelve imposible de ignorar; el negocio silencioso, no.
Principios de 2020
La Hidrovía se consolida como ruta de cocaína a Europa; aparecen actores de logística de exportación de mayor escala, incluida la presencia documentada del PCC (Primeiro Comando da Capital) brasileño.
2024
Una semana de "narcoterror" en Rosario dispara el despliegue federal y el Plan Bandera. Las incautaciones nacionales suben, sobre todo en la frontera norte con Bolivia.
2025–2026
Paquete antimafia, Plan Paraná sobre la Hidrovía, producción regional en récord. El Estado responde con fuerza al eslabón visible mientras la exportación, el lavado y la captura siguen su curso, sin la alarma de la sangre que los señale.
Síntesis

El problema argentino cambió de naturaleza —de país de consumo a plataforma de tránsito— por una causa regional, y el país se acostumbró a leerlo por su síntoma más ruidoso en vez de por su motor más silencioso.

II
Los cuatro
negocios
Una palabra, cuatro economías que amenazan distinto.

Para no repetir el error de mirar solo lo que sangra, conviene desarmar la palabra «narcotráfico» en los cuatro negocios que contiene. No compiten: conviven, se alimentan y amenazan al país en grados muy distintos. El orden en que están puestos —de lo visible a lo invisible— es el inverso al de su peligrosidad.

Negocio 1 · La esquina (mercado interno)

Es el narcomenudeo: la venta minorista, la disputa territorial, los homicidios. El eslabón más visible y el más violento, el que concentra el reclamo ciudadano, y el de menor volumen de dinero. Acá conviene separar el dato de la lectura. El dato: según el Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC) del Ministerio de Seguridad, la tasa nacional de homicidios viene bajando desde 2014 (de 8,8 cada 100.000 en 2001 a 4,4 en 2023, 3,8 en 2024 y 3,6 en 2025) —una tendencia de más de una década, no un logro reciente—, y Rosario, el caso extremo, cayó de unos 240–260 homicidios en 2023 a cerca de 90 en 2024, con un repunte a 115 en 2025 que igual quedó como el segundo valor más bajo de su serie. La lectura, en disputa: por qué bajó no está saldado —conviven la explicación oficial del Plan Bandera, la criminológica (el negocio se corrió de la disputa de la esquina a la logística de exportación, y menos guerra territorial es menos muertos), y la de las treguas inestables entre bandas—. La conclusión es incómoda: una tasa de homicidios baja puede ser la firma de una plataforma de tránsito que madura, no la de una victoria.

Negocio 2 · La exportación (tránsito)

Es el negocio grande y el que redefine el rol del país. La materia prima está en récord: según la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), la producción mundial de cocaína —casi toda andina— superó las 4.000 toneladas en 2024 y se cuadruplicó en diez años, sobre 385.000 hectáreas cultivadas en Sudamérica. Esa oferta busca salida, y la Argentina se la ofrece: las incautaciones nacionales pasaron de 7,3 toneladas en 2023 a cerca de 12 en 2024, más de la mitad en la frontera norte con Bolivia —solo Salta aportó 5,4—, y más del 80% de lo secuestrado tiene origen boliviano. La salida es la Hidrovía y los puertos del Gran Rosario, con métodos como el "gancho ciego" sobre cargas legales, y con logística de organizaciones de escala mayor. Este negocio genera poca violencia local y mucho dinero: exactamente el perfil que un país tarda en ver.

Negocio 3 · El lavado

Es el puente que convierte la droga en poder económico estable, y donde la Argentina es estructuralmente blanda. Las investigaciones para desarmar las redes económicas del narco tienen poca profundidad: entre 2019 y marzo de 2024 se dictaron apenas 91 sentencias condenatorias por lavado en todo el país, 60 de ellas con el narcotráfico como delito de origen. El terreno les es favorable: amplia informalidad y sectores —inmobiliario, agropecuario, financiero— difíciles de trazar. Y mientras el efectivo minorista cae a mínimos históricos por la digitalización de los pagos, el lavado se corre hacia esos sectores, donde el rastro cuesta mucho más. Sin perseguir esta capa, bajar homicidios y encarcelar capos deja el negocio intacto y hasta lo ordena.

Negocio 4 · La captura

Es el punto sin retorno y la verdadera amenaza a la supervivencia institucional: el momento en que el dinero compra impunidad —policías, fiscales, jueces y, el punto más sensible, financiamiento de campañas—. La Argentina no está capturada, pero muestra síntomas tempranos: el déficit de investigación financiera federal convive con un financiamiento político de origen opaco y sin trazabilidad, y con controles electorales débiles. Lo que destruyó a México, Colombia o Ecuador no fue su tasa de homicidios: fue la captura. Ese es el eslabón que ningún operativo en la calle toca.

Cuatro cifras que ordenan el tema
+4.000t
Producción mundial de cocaína (2024)cuadruplicada en diez años; la oferta que empuja (ONUDD)
~12t
Incautación en Argentina (2024)desde 7,3 en 2023; 5,4 solo en Salta (InSight Crime)
91
Condenas por lavado en cinco años2019–marzo 2024; 60 por narcotráfico (PROCELAC)
3,6
Tasa de homicidios (2025)la más baja de la serie, cada 100.000 (SNIC)
Los cuatro negocios, comparados
NegocioDónde (geografía)Qué mueveViolenciaAmenaza a la década
La esquinaConurbano, Rosario, grandes ciudadesPlata chica, minoristaAlta (homicidios)Duele, pero no define el destino del país.Media
La exportaciónFrontera norte, Hidrovía, puertos del litoralPlata grande, divisasBaja localVuelve al país plataforma de salida.Alta
El lavadoSistema financiero, inmobiliario, agroIntegra el dinero a la economía legalNula visibleVuelve irreversible a los demás.Muy alta
La capturaJusticia federal, policías, financiamiento políticoCompra impunidad y decisionesNula visibleErosiona la república.Máxima
Síntesis

El país concentra fuerza y presupuesto en el negocio visible y menos peligroso, mientras los otros tres crecen sin que nadie los cuente en muertos. La seguridad se está midiendo por donde menos se juega el futuro.

III
Mapa
del debate
Cuatro miradas sobre qué priorizar, no sobre cómo medir.

El debate estratégico no es cómo se mide ni si bajó Rosario: es qué negocio se prioriza, sabiendo que el más peligroso es también el que menos rédito da combatir. Las posiciones se agrupan por dónde ponen el esfuerzo, no por partido, y a casi todas las cruza una misma pregunta de fondo: Nación o provincia, quién comanda y quién paga.

IRecuperar el territorio primero
Sin dominio estatal del territorio no hay nada que construir; lo urgente es la violencia visible y el poder de las bandas en la calle. La receta: fuerzas federales, endurecimiento carcelario para cortar el mando desde las cárceles, marco penal más duro. Su mejor carta es que, donde se aplicó, la violencia bajó —aunque no pueda probar que la baja sea toda suya—. Sin territorio no hay Estado; lo demás viene después.Lo que no explica — cómo se sostiene la baja de homicidios si el negocio que la financia sigue creciendo por los puertos.
VocesMinisterio de Seguridad de la Nación (gestión Bullrich, continuada por Monteoliva); Gobierno de Santa Fe; el acuerdo de cooperación con El Salvador como referencia.
IISeguir la plata
El corazón del narcotráfico no es la esquina ni el capo: es la exportación y el dinero. Bajar homicidios sin tocar la economía criminal deja el negocio en pie y abre la puerta a la captura. Hay que perseguir el lavado, blindar la Hidrovía y los puertos, y fortalecer la investigación financiera y la inteligencia criminal. Sin plata no hay narco; sin perseguir la plata, se administra el síntoma.Lo que no explica — con qué capacidad judicial se persigue el lavado, si en cinco años hubo 91 condenas en todo el país.
VocesEspecialistas en crimen organizado; áreas de investigación financiera (Unidad de Información Financiera, UIF) e inteligencia criminal; la faceta logística del Plan Paraná.
IIILlegar antes que la banda
El mercado interno crece donde el Estado se retiró: barrios sin trabajo, sin escuela sostenida, sin tratamiento de adicciones. La fuerza vacía el territorio, pero si no llega detrás desarrollo, prevención y salud, el reclutamiento lo vuelve a llenar. Desfinanciar la prevención es, en esta mirada, un error estratégico que hipoteca cualquier baja. Donde no está el Estado que cuida, está la banda que recluta.Lo que no explica — con qué presupuesto se sostiene la presencia estatal en los barrios, ni en qué plazo rinde frente a una urgencia que se mide en meses.
VocesOrganizaciones territoriales y de la sociedad civil; sistema de salud y de tratamiento de consumos; universidades.
IVSeparar el consumo del tráfico
El prohibicionismo gasta el aparato en usuarios y minoristas sin tocar a los grandes. Hay que distinguir el consumo —cuestión de salud— del tráfico —cuestión penal—, concentrar la persecución en la cadena mayorista y el dinero, y dejar de saturar tribunales con causas menores. La discusión sobre desfederalización es parte de esto. Perseguir al usuario no es perseguir al narco.Lo que no explica — quién persigue la cadena mayorista, si la desfederalización dejó a las provincias con el menudeo y sin recursos para lo demás.
VocesSectores del garantismo penal y la reforma de drogas; parte de la magistratura y la academia jurídica; organismos de derechos humanos.
Lectura del mapa

Las cuatro tocan partes reales del problema, pero la disputa de fondo es de coraje político: lo urgente —el territorio, la violencia que se ve— tapa lo importante —la plata, el lavado, la captura—, y lo importante no da fotos, es lento y molesta a intereses poderosos y legales.

IV
Las decisiones
que faltan
Las contesta la política, no la técnica.

Son preguntas de decisión, no de diagnóstico. Cada una tiene un costo por resolverla y otro, casi siempre mayor y diferido, por no hacerlo.

  1. Con recursos escasos, ¿qué negocio se prioriza: el visible —la esquina— o los estructurales —exportación, lavado, captura—? No se puede todo a la vez con la misma intensidad.
  2. ¿Está el país dispuesto a poner la lupa sobre el dinero —sistema financiero, inmobiliario, agroexportador— sabiendo que ahí se tocan intereses legales y poderosos, y que perseguir el lavado no da rédito electoral ni fotos?
  3. ¿Qué controles reales sobre la Hidrovía y los puertos de exportación se asumen, sabiendo el costo logístico para el complejo que genera las divisas del país?
  4. ¿Cómo se blinda el financiamiento de la política y la justicia federal frente al dinero narco, mientras la captura es todavía incipiente y reversible?
  5. ¿Nación o provincias —quién comanda, quién paga— y cómo se coordina la persecución sin que la interna política tape la política de seguridad?
  6. ¿El consumo problemático se trata como delito o como salud, y con qué presupuesto se sostiene la respuesta que se elija?
Cómo priorizar entre estas decisiones

Las seis no pesan igual ni cuestan lo mismo. La Matriz Estratégica de Prioridades (MEP) las ordena con cinco criterios en escala de 1 a 5. ARTICULA puntúa el criterio técnico a partir del diagnóstico; los criterios políticos los carga quien decide. La matriz no reemplaza la decisión: ordena la conversación que la precede.

CriterioQué mideQuién lo puntúa
Peso estructuralCuánto condiciona al resto del problemaARTICULA, desde el diagnóstico
Demanda social y urgencia políticaCuánto presiona hoy sobre la agenda públicaCriterio mixto
Viabilidad operativaRecursos y capacidad real de ejecuciónQuien decide
Plazo de resultados visiblesCuánto tarda en notarse el efecto de intervenirCriterio mixto
Diferencial políticoQué distingue a quien lo tome del resto de los actoresQuien decide
Cierre

El país sabe combatir lo que se ve. La decisión pendiente, la que define la década, es si se anima a combatir lo que no se ve —cuando todavía es barato—.

V
Hacia
dónde
Cuatro caminos según qué se combata.

La variable de fondo que separa los escenarios es una sola: si el país combate solo el eslabón visible o también los estructurales —exportación, lavado, captura—.

  • Plataforma pacificada.La violencia se mantiene baja, pero la exportación, el lavado y la captura crecen. El país queda como una plataforma de tránsito "ordenada": pocas muertes, mucho dinero, instituciones que se erosionan de a poco. El peor escenario disfrazado del mejor, porque no tiene la alarma de la sangre. ARTICULA lo lee como el más probable si sigue todo igual.
  • Reconstrucción del circuito.Sin lo social ni lo estructural, la esquina se recompone en bandas más chicas y volátiles, la violencia repunta a los saltos, y la captura avanza por debajo. La foto empeora y el fondo también.
  • Desarticulación real (el que exige más).Se combaten los cuatro negocios —territorio, plata, prevención y coordinación federal—, con la economía y la justicia blindadas. Caída sostenida de la violencia y freno al negocio. Es el escenario deseable, el más caro y el que no da fotos; usa la ventana mientras está abierta.
  • Deriva a la captura.Si el dinero gana la justicia y el financiamiento político, el país entra al camino de Ecuador o México, del que no se vuelve barato ni rápido. Es el escenario que la baja de homicidios de hoy vuelve, paradójicamente, más fácil de ignorar.
Síntesis

Casi todos los escenarios conviven con una violencia más baja que la de 2023. Lo que se juega no es la foto de los homicidios, sino si el país toca la economía y blinda las instituciones antes de que la calma se vuelva anestesia.

VI
Mirada
estratégica
Una ventana abierta que la propia calma amenaza con cerrar.

Conviene empezar por la ventaja, porque cambia la escala. La Argentina llegó al problema del crimen organizado más tarde y con menos daño que casi todos sus vecinos: no es México, no es Colombia, no es Ecuador. Todavía tiene algo que esos países perdieron: una ventana. Pero la ventana engaña, porque la señal que la mantiene abierta —la baja violencia— es la misma que adormece la urgencia de cerrarla. Un país con pocos homicidios siente que ganó, justo cuando el negocio que lo amenaza en serio recién se está instalando bajo la línea de flotación.

El error estratégico de la década no sería endurecer o ablandar —eso es táctica—, sino confundir el negocio con su síntoma: combatir la esquina, que se ve y da votos, y dejar crecer la exportación, el lavado y la captura, que no se ven y no dan nada. El narcotráfico es, antes que un problema policial, una prueba de estatalidad: mide si el Estado puede seguir el dinero y no solo contar cuerpos, si la justicia federal y la UIF tienen capacidad real, si el financiamiento de la política resiste la plata sucia, si Nación y provincias coordinan en vez de pelearse los fondos, y si hay Estado en los barrios donde hoy solo llega la fuerza.

Por eso la pregunta de fondo no es cuánta violencia hay, sino qué clase de país se está construyendo mientras la violencia baja. Uno que aprende a bajar muertos dio un paso real. Uno que además se anima a tocar la plata, blindar la justicia y ocupar el territorio con Estado —y no solo con patrullas— es otra cosa: es un país que usó su ventana en vez de festejar la calma que se la estaba cerrando.

El punto

El país ya sabe bajar la sangre. Falta saber si se anima a tocar el dinero y las instituciones —lo que no se ve, no da fotos y molesta a los poderosos— antes de que la calma de hoy sea la anestesia de la captura de mañana.

Nota metodológica

Sobre cómo leer este documento

Este documento integra la serie Argentina 2026–2036, ejes temáticos que ARTICULA propone como insumo para quien deba decidir política pública o quiera pensar en serio las cuestiones estructurales del país. No es un programa de gobierno ni una receta. Es un ejercicio de ordenamiento con método: ARTICULA identifica el problema, expone las posiciones en pugna sin sentenciar cuál debe ganar, distingue el hecho de la lectura, y deja planteadas las decisiones que le corresponden a la política, no a la consultoría.

En este tema, medir es tomar posición sin decirlo, y por eso el documento cuida los niveles. La tasa de homicidios mide violencia letal, no volumen de negocio; las incautaciones pueden crecer por más control o por más flujo; la opacidad del financiamiento político y la debilidad de los controles electorales son indicios de vulnerabilidad, no pruebas de captura. Sobre todo: que los homicidios hayan bajado es un dato; por qué bajaron —y a quién se le adjudica— es una lectura en disputa, producida en buena parte por las mismas fuentes oficiales que reivindican el resultado. El documento trata la atribución al Plan Bandera como una explicación entre varias, no como un hecho establecido.

Una precisión sobre la calidad del dato, que conviene no confundir con la disputa por su explicación: la ONUDD le otorgó al sistema estadístico criminal argentino la calificación «A», la máxima de la escala internacional. La medición es sólida. Lo que está en disputa no es el número, sino a qué se le atribuye.

Las cifras de violencia provienen de organismos oficiales nacionales y provinciales; las de producción y tránsito, de organismos internacionales y análisis especializados; las de consumo, de la encuesta conjunta de la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas (SEDRONAR) y el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Las lecturas estratégicas son elaboración propia de ARTICULA y no representan la posición de ningún actor mencionado. Documento de trabajo.

Fuentes y referencias