ARTICULA/ Argentina 2026–2036/ Defensa nacional
Insumo de discusión

Defensa nacional

¿Va la Argentina a decidir de una vez para qué quiere fuerzas armadas —contra qué amenaza, con qué instrumento y con qué recursos—, o va a seguir comprando símbolos de poder militar sin resolver ni la misión que los justifica ni el financiamiento que los sostiene?
Serie Argentina 2026–2036· Documento de trabajo· Julio 2026
Encuadre

Por qué la defensa nacional entra en la agenda de la década

La defensa nacional parece un tema para especialistas —fierros, presupuestos, doctrina— pero es, en el fondo, la pregunta de qué tan en serio se toma un país como Estado soberano sobre su territorio, su mar y sus recursos. Entra en la agenda de la década por convergencia de varias miradas a la vez. Por oportunidad, porque se abre la primera ventana en décadas de reequipamiento real: los primeros cazas supersónicos en años, un giro geopolítico explícito y un debate que vuelve a estar sobre la mesa. Por peso estructural, porque la soberanía efectiva sobre el Atlántico Sur, la pesca y los recursos submarinos se define con capacidad de vigilancia y presencia, no con declaraciones. Por futuro, porque las amenazas que vienen —ciberespacio, espacio exterior, disputa por recursos naturales en un mundo más multipolar— no se parecen a las del siglo pasado. Y por agenda ciudadana, de manera indirecta pero potente, porque la idea de poner a las Fuerzas Armadas (FFAA) a combatir el narcotráfico conecta con la demanda social de seguridad y tensiona un consenso de cuarenta años.

Lo decisivo, como siempre, es la evolución si no se actúa. Y acá la inacción tiene una forma particular: durante cuarenta años la Argentina decidió por omisión no tener una política de defensa, tratándola como variable de ajuste. Si esa inercia continúa, el material se sigue degradando, el personal se sigue yendo, y la decisión sobre para qué sirven las FFAA termina tomándola no la deliberación sino la próxima crisis —un nuevo hundimiento, un incidente en el mar, una presión externa— que fuerce una reacción tardía. El riesgo no es que estalle una guerra: es que el país siga confiando su seguridad externa a que no pase nada. Conviene fijar algunos términos antes de entrar al tema.

Defensa nacional / Seguridad interior
Dos funciones que la ley argentina separa de manera tajante. La defensa nacional se ocupa de las amenazas de naturaleza militar y externa —la agresión de otro Estado— y es misión de las Fuerzas Armadas. La seguridad interior se ocupa de las amenazas de naturaleza criminal —el delito, incluido el narcotráfico— y es misión de las fuerzas de seguridad y policiales. Esa frontera, el "muro" del artículo 4º de la Ley 23.554, es el centro de casi todo el debate actual.
Hipótesis de conflicto
El escenario de amenaza concreto contra el cual un país prepara y dimensiona sus fuerzas: contra quién, dónde, con qué probabilidad. Es lo que ordena todo lo demás —qué se compra, cómo se despliega, cuánto se gasta—. La Argentina hace décadas que no actualiza formalmente la suya, y esa ausencia explica buena parte de la deriva.
Disuasión
La capacidad de hacer que una agresión no le convenga a quien podría cometerla, sin necesidad de combatir. Es el propósito clásico de una fuerza de defensa: no se mide por las guerras que gana, sino por las que evita. Requiere capacidad real y creíble; sin ella, la soberanía se vuelve declarativa.
Zona Económica Exclusiva (ZEE) / milla 201
La franja de mar de hasta 200 millas náuticas donde un país tiene derechos exclusivos sobre los recursos. La "milla 201" es el borde inmediatamente exterior, aguas internacionales donde las flotas extranjeras pescan a la vista del límite argentino, aprovechando recursos que migran entre una zona y otra.
Fondo Nacional de la Defensa (FONDEF)
El mecanismo creado por la Ley 27.565 (2020) para financiar el reequipamiento de las FFAA con un piso progresivo de recursos. Fue el único instrumento formal que buscó blindar la inversión en defensa de los vaivenes del presupuesto anual.
I
Origen
del problema
Un acierto institucional —el muro del 83— y una decisión no dicha —desfinanciar la defensa hasta volverla testimonial— que convivieron cuarenta años.

La política de defensa argentina de las últimas cuatro décadas se explica por su punto de partida: la derrota de Malvinas en 1982 y el fin de la dictadura en 1983. De ese trauma doble nació un consenso democrático sólido y necesario —subordinar el poder militar al poder civil, sacar a las Fuerzas Armadas de la política interna— que se tradujo en un andamiaje legal preciso. La Ley 23.554 de Defensa Nacional (1988) fijó el principio ordenador: la defensa se ocupa de la agresión militar externa, y todo lo demás —el delito, el orden interno— queda fuera de su alcance. La Ley 24.059 de Seguridad Interior (1992) completó el reparto. Ese "muro" entre defensa y seguridad no fue un capricho burocrático: fue la forma en que la democracia argentina procesó su historia más dolorosa.

Pero junto a ese acierto institucional convivió una decisión no dicha: la de desfinanciar la defensa hasta volverla testimonial. Terminado el servicio militar obligatorio en 1994, profesionalizadas las fuerzas, el presupuesto militar se convirtió en la variable de ajuste natural de todos los gobiernos, de todos los signos. No hubo una discusión pública sobre para qué sirven las FFAA en democracia; hubo, en su lugar, un vaciamiento lento y silencioso. El hundimiento del submarino ARA San Juan en 2017, con sus 44 tripulantes, fue el símbolo más crudo de esa erosión material. El intento de revertirla —el FONDEF de 2020— llegó tarde y sin músculo político sostenido. El sistema que hoy se quiere transformar no es el producto de una mala elección estratégica: es el resultado de no haber elegido nunca.

La secuencia que llevó hasta acá
1982
Guerra de Malvinas. La derrota militar redefine para siempre el lugar de las Fuerzas Armadas en la sociedad argentina.
1983–1988
Retorno democrático, juicio a las Juntas y sanción de la Ley 23.554, que consagra la separación entre defensa y seguridad interior.
1994
Fin del servicio militar obligatorio tras el caso Carrasco. Las FFAA pasan a ser voluntarias y profesionales.
2006
El Decreto 727 reglamenta la ley y ratifica que la misión militar es la agresión estatal externa.
2017
Hundimiento del ARA San Juan (44 tripulantes). El vaciamiento material se vuelve tragedia y símbolo.
2020
La Ley 27.565 crea el FONDEF con un piso progresivo de hasta 0,8% de recursos para reequipar.
2024
Giro pro-occidental: pedido de ingreso como socio global de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), compra de 24 cazas F-16 a Dinamarca y Decreto 1112/2024, que reemplaza al 727 y amplía los roles militares.
2025–2026
Simultaneidad: llegan los primeros F-16 y jura Carlos Presti, primer ministro de Defensa militar desde 1983; en paralelo, el Presupuesto 2026 lleva la función Defensa a su nivel más bajo en cuatro años y deroga el piso legal del FONDEF.
Síntesis

El problema no es que la Argentina haya elegido mal a qué dedicar sus fuerzas armadas; es que evitó elegir durante cuarenta años. Recién ahora, y de golpe, se abren todas las decisiones a la vez —la misión, el equipamiento, las alianzas, el muro— sin el marco que debería ordenarlas.

II
Diagnóstico
actual
La mayor renovación de material en décadas convive con uno de los pisos de gasto más bajos del mundo. Vitrina llena, sustancia en duda.

El dato que ordena el diagnóstico es la distancia entre lo que se muestra y lo que se sostiene. En 2025 y 2026 la Argentina exhibe la mayor renovación de material bélico en décadas —cazas supersónicos, negociación por submarinos, alineamiento con Occidente— mientras su gasto en defensa toca uno de los pisos más bajos del mundo. Las dos cosas son ciertas al mismo tiempo, y su convivencia es el corazón del problema: hay compras, pero no hay política que las contenga.

La medición del gasto es, en sí misma, una disputa. Según el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), la Argentina destinó a defensa el 0,56% de su Producto Bruto Interno (PBI) en 2025 —unos 3.731 millones de dólares—, muy por debajo del promedio mundial (2,5%) y de todos sus vecinos. La Oficina Nacional de Presupuesto (ONP), en cambio, registró para el mismo año una "función Defensa" equivalente al 0,28% del PBI, el nivel más bajo en cuatro años. No es una contradicción: cada fuente mide algo distinto —el SIPRI incluye pensiones militares y partidas que la clasificación presupuestaria nacional deja afuera—, y la brecha entre 0,56% y 0,28% es información sobre cómo se cuenta la defensa, no un error a resolver. Cualquiera sea la vara, la tendencia es la misma: caída sostenida desde el 0,75% de 2010.

La segunda tensión es de composición. Cerca del 90% del presupuesto de Defensa se va en salarios y pensiones, lo que deja un margen mínimo para inversión, mantenimiento y operación. Y ni siquiera los salarios alcanzan para retener a la gente: entre enero y junio de 2025, al menos 684 efectivos solicitaron la baja, empujados por sueldos deprimidos, una obra social en crisis y la falta de un horizonte profesional. El resultado es una paradoja operativa: llega equipo nuevo y sofisticado —los F-16 requieren pilotos y técnicos altamente entrenados— mientras se va el personal capacitado para operarlo. Se compra la herramienta y se pierde la mano.

La tercera tensión es la que menos se ve desde tierra y más pesa en el mapa: el Atlántico Sur. En el borde de la Zona Económica Exclusiva operan de manera permanente unas 400 embarcaciones extranjeras, en su mayoría de bandera o capital chino, que extraen entre dos y cuatro veces lo que desembarca toda la industria pesquera nacional. Es una amenaza a la soberanía sobre los recursos que no es militar en sentido clásico —nadie invade— pero que erosiona el patrimonio del país todos los días, y que la Armada apenas puede vigilar con un puñado de patrulleros y aviones de exploración. A eso se suma la creciente presencia naval británica en torno a Malvinas. La defensa externa que la Argentina más necesita no es la de una guerra improbable: es la del control efectivo de su propio mar.

La defensa en cuatro cifras
0,56% PBI
Gasto militar 2025Entre los más bajos del mundo, según el SIPRI (promedio mundial: 2,5%)
≈90%
Salarios y pensionesParte del presupuesto de Defensa 2026, con margen mínimo para inversión (Presupuesto 2026)
684bajas
Fuga de personalEfectivos que pidieron la baja entre enero y junio de 2025 (prensa especializada)
≈400buques
Milla 201Flota extranjera que extrae 2 a 4 veces la pesca nacional (Armada Argentina)
Cómo se mide el gasto en defensa
MiradaQué mideResultado
Función Defensa (ONP)Sólo la finalidad Defensa del gasto público nacional, con criterio restrictivoEl número más bajo.0,28% del PBI en 2025, mínimo en cuatro años.
Gasto militar (SIPRI)Incluye pensiones militares y otras partidas; criterio comparable entre paísesLa medida internacional.0,56% del PBI en 2025.
Piso del FONDEF (Ley 27.565)La meta legal de reequipamiento: 0,8% de recursos corrientesYa no rige como obligación.Derogado en el Presupuesto 2026.
Comparación regional (SIPRI)Gasto militar sobre PBI de los países vecinosBrasil 1,05% · Bolivia 1,21% · Guyana 0,99%.Argentina, por debajo de todos.
Síntesis

La defensa argentina no tiene un problema de vitrina: tiene equipo nuevo llegando. Tiene un problema de sustancia —sin financiamiento estable, sin cuadros que se queden y sin una misión que ordene las compras, la modernización corre el riesgo de ser un gesto sin cuerpo.

III
Mapa
del debate
Cuatro posiciones que cruzan la grieta: se ordenan por cómo tratan el problema —la misión y el modelo—, no por partido.

El debate sobre la defensa no se ordena por la grieta: cruza a oficialismo y oposición, y enfrenta visiones sobre el Estado más que banderas partidarias. Se agrupa por cómo trata cada posición el problema de fondo —para qué sirven las fuerzas armadas y cómo se las reconstruye.

IEl minimalismo de hecho
Es la posición que ganó durante cuarenta años, aunque nadie la defienda en voz alta: la defensa puede esperar. Frente a la pobreza, la inflación y las urgencias sociales, el gasto militar es un lujo postergable; las Fuerzas Armadas se sostienen por inercia, con misiones subsidiarias —apoyo ante catástrofes, logística, presencia territorial— que justifican su existencia sin exigir una política. No es una tesis escrita, es una práctica presupuestaria transversal. Un país que nunca declaró contra qué se defiende terminó con una política de defensa por descarte.
VocesLa conducta fiscal de gobiernos de todos los signos desde 1983; sectores que priorizan el gasto social frente al militar.
IILa reconversión hacia adentro
Sostiene que la amenaza real del siglo XXI ya no es otro Estado invasor sino el narcotráfico, el crimen organizado y el terrorismo, y que negarlo es defender un muro contra un enemigo que dejó de existir. Propone correr o bajar la frontera entre defensa y seguridad para que las FFAA apoyen el combate al delito complejo, sobre todo en la frontera norte. Es la línea del Decreto 1112/2024 —que amplía los roles militares e incorpora ciberespacio, espectro electromagnético y espacio— y de un proyecto de ley en danza. La amenaza cambió de naturaleza; las fuerzas tienen que cambiar con ella.
VocesEl Poder Ejecutivo, los ministerios de Defensa y de Seguridad, sectores que ven en las FFAA una capacidad ociosa frente a la emergencia del narco.
IIILa custodia del consenso democrático
No discute que el narco sea un problema grave; discute usar a los militares para enfrentarlo. Argumenta que la separación entre defensa y seguridad interior es el logro institucional más caro de la democracia argentina —producto directo de lo que pasó cuando esa frontera no existía— y que militarizar la seguridad interna es a la vez riesgoso e ineficaz: los ejércitos no están entrenados ni equipados para perseguir delito, y hacerlo los expone a la política y a la corrupción que corroe a las policías. La separación entre defensa y seguridad no es una traba: es la lección más cara que aprendió el país.
VocesOrganismos de derechos humanos, la tradición académica y especializada en defensa, sectores del arco político de orígenes diversos.
IVLa recuperación soberana con base propia
Coincide en que hay amenazas externas reales y desatendidas —el Atlántico Sur, los recursos pesqueros y off-shore, el ciberespacio, el espacio— y en que hay que reconstruir capacidad efectiva. Pero disiente en el cómo: reducir la defensa a comprar equipo afuera y alinearse con una potencia es quedar a merced de quien vende, y la verdadera recuperación pasa por apalancar la base científico-tecnológica e industrial propia —la actividad nuclear, la espacial, los astilleros, la Fábrica Argentina de Aviones (FAdeA), hoy en crisis—. Una defensa que sólo sabe comprar es una defensa alquilada.
VocesSectores industrialistas y científico-técnicos, parte de la Armada enfocada en el mar, defensores de la industria nacional de defensa.
Lectura del mapa

El debate mezcla dos preguntas que conviene separar: para qué sirven las FFAA (la misión) y cómo se las reconstruye (el modelo). Las posiciones I y III pelean por el muro; la II quiere cambiar la misión; la IV quiere cambiar el modelo. El Gobierno avanza sobre la misión y sobre el modelo por la vía de la compra externa, mientras el minimalismo presupuestario sigue gobernando las cuentas por debajo.

IV
Las decisiones
que faltan
Cada respuesta define qué clase de Estado y qué relación entre civiles y militares se quiere.

Estas preguntas no las resuelve la doctrina militar ni la técnica presupuestaria: las resuelve la política, porque cada respuesta define qué clase de Estado y qué relación entre civiles y militares se quiere.

  1. ¿Se mantiene el muro entre defensa y seguridad interior, o se habilita por ley a las Fuerzas Armadas a intervenir contra el narcotráfico y el crimen organizado —y, si se habilita, con qué límites y controles?
  2. ¿Cuál es la hipótesis de conflicto de la Argentina —contra qué amenaza concreta se prepara—, o se sigue comprando equipamiento sin una misión declarada que lo ordene?
  3. ¿Se reconstruye la capacidad militar comprando afuera y alineándose con Estados Unidos y la OTAN, apalancando la base científico-industrial propia, o combinando ambas —y en qué proporción?
  4. Sin el piso del 0,8% del FONDEF, ¿de dónde sale el financiamiento sostenido del reequipamiento, más allá del gesto de las compras puntuales?
  5. ¿Se recompone la carrera militar —salarios, obra social, horizonte profesional— o se acepta que el equipo nuevo lo operen dotaciones que se vacían?
  6. Si los recursos no alcanzan para todo, ¿qué se prioriza: el Atlántico Sur —pesca, recursos, Malvinas, Antártida— o la frontera norte y las nuevas amenazas?
Cierre

No decidir también es decidir: sostener el statu quo es elegir que la Argentina conserve el símbolo de unas fuerzas armadas sin la sustancia de una política de defensa —y dejar que la próxima crisis resuelva por ella lo que la deliberación no quiso abordar.

V
Hacia
dónde
La variable de fondo no es el equipamiento: es si la decisión sobre la misión se toma antes o después de las compras.

La variable de fondo que separa los escenarios no es el dinero ni el equipamiento: es si la decisión política sobre la misión —el para qué— se toma antes o después de las compras.

  • Modernización con rumbo.El país define su hipótesis de conflicto, prioriza el control del Atlántico Sur y las nuevas amenazas, sostiene el muro con la seguridad interior, financia el reequipamiento con un mecanismo estable y recompone la carrera militar. El equipo nuevo tiene misión clara y dotación para operarlo. Exige acuerdo político amplio y recursos sostenidos, lo más escaso de todo.
  • Vitrina sin sustancia.Llegan los F-16, se avanza con la OTAN, se firman submarinos, pero el presupuesto sigue en el piso, el personal se sigue yendo y ninguna hipótesis ordena el conjunto. La Argentina exhibe una capacidad que no puede sostener ni operar plenamente: modernización como gesto. Es el escenario más probable si el financiamiento y los cuadros no cambian.
  • Reconversión hacia adentro.Se baja el muro y las FFAA se vuelcan a la seguridad interior. El "para qué" se resuelve por la vía de la urgencia interna, con el riesgo institucional que la democracia argentina ya conoce, y la defensa externa —el mar, los recursos— queda subordinada a la agenda del delito.
  • Statu quo por inercia.Ni reconversión ni recomposición: la defensa sigue siendo variable de ajuste, el material se degrada y las decisiones se posponen hasta que una nueva crisis —otro ARA San Juan, un incidente en el mar— fuerce una reacción tardía y cara.
Síntesis

El mejor y el peor escenario pueden empezar con exactamente las mismas compras. Lo que los diferencia no es qué se compró, sino si hubo una decisión sobre para qué antes de firmar.

VI
Mirada
estratégica
Por qué la defensa es más que sus fierros: define qué tan en serio se toma el país como Estado soberano.

Discutir la defensa nacional parece una cuestión de cazas, presupuestos y doctrina, pero lo que está realmente en juego es qué tan en serio se toma la Argentina como Estado soberano sobre su territorio, su mar y sus recursos. Un país que durante cuarenta años trató su defensa como un gasto prescindible tomó, sin decirlo nunca, una decisión estratégica de fondo: la de confiar su seguridad externa a que no pase nada —o a que otro la garantice. No fue un olvido; fue una apuesta. La apuesta de que el Atlántico Sur, la disuasión y el control del propio mar podían esperar indefinidamente.

Esa apuesta hoy se cruza con un mundo más disputado y con recursos naturales que otros vienen a buscar todos los días al borde de la milla 200. El giro actual —los F-16, la OTAN, un ministro de Defensa de uniforme por primera vez desde 1983— cambia el gesto, pero todavía no la ecuación de fondo. Sin una misión definida, sin financiamiento estable y sin cuadros que se queden, la modernización es una vitrina: material que impresiona en el desfile y no alcanza para custodiar el mar. Y hay un riesgo más silencioso: que el debate sobre el muro con la seguridad interior se salde por la urgencia del narco y no por la deliberación, y que la Argentina termine resolviendo el "para qué" de sus fuerzas armadas de la peor manera posible —dándoles una misión hacia adentro porque no se animó a definirles una hacia afuera.

El punto

La Argentina no tiene, en el fondo, un problema de equipamiento militar: tiene un problema de decisión. Puede comprar todos los cazas del mundo, pero mientras no responda para qué quiere fuerzas armadas y no esté dispuesta a pagar por esa respuesta, va a seguir teniendo el uniforme sin el cuerpo.

Nota metodológica

Sobre cómo leer este documento

Este documento integra la serie Argentina 2026–2036, ejes temáticos que ARTICULA propone como insumo para quien deba decidir política pública o quiera pensar en serio las cuestiones estructurales del país. No es un programa de gobierno ni una receta. Es un ejercicio de ordenamiento con método: ARTICULA identifica el problema, expone las posiciones en pugna sin sentenciar cuál debe ganar, distingue el hecho de la lectura, y deja planteadas las decisiones que le corresponden a la política, no a la consultoría.

En este tema los datos no son neutros porque la propia expresión "gasto en defensa" mide cosas distintas según quién la use: para el mismo país y el mismo año, el gasto militar puede ser 0,56% del PBI (SIPRI, criterio internacional que incluye pensiones y otras partidas) o 0,28% (función Defensa de la Oficina Nacional de Presupuesto, criterio restrictivo), y ambas cifras son correctas midiendo cosas diferentes. Cuando las fuentes divergieron, el documento exhibió la diferencia y explicó qué mide cada una, en lugar de elegir el número más conveniente para un relato.

Las cifras provienen de organismos internacionales, oficinas presupuestarias nacionales, el Ministerio de Defensa, la Armada y prensa especializada. Las lecturas estratégicas son elaboración propia de ARTICULA y no representan la posición de ningún actor mencionado. Documento de distribución restringida.

Fuentes y referencias