ARTICULA/ Argentina 2026–2036/ Infraestructura y logística
Insumo de discusión

Infraestructura y logística

El Estado nacional se retiró de la obra pública y apuesta a que el mercado y las provincias ocupen su lugar: ¿quién construye y quién mantiene todo lo que el mercado no elige, justo cuando la producción vuelve a necesitar salir al mundo?
Serie Argentina 2026–2036· Documento de trabajo· Julio 2026
Encuadre

Por qué la infraestructura entra en la agenda de la década

El tema entra por peso estructural, por urgencia y —sobre todo— por su evolución si no se actúa. La Argentina tiene por delante una oportunidad exportadora concreta —energía, minerales, alimentos— y un sistema físico para sacarla al mundo que se degrada más rápido de lo que se repara: dos de cada tres kilómetros de ruta nacional están en estado regular o malo, más del 90% de la carga viaja en camión por esas rutas, y la inversión pública nacional cayó de 1,3% del Producto Bruto Interno (PBI) en 2023 a alrededor de 0,3% en 2026. Cada año de mantenimiento diferido multiplica el costo de la reparación futura, encarece todo lo que el país produce y se cobra vidas: la mortalidad en rutas nacionales ya es seis veces mayor que en las provinciales.

Al mismo tiempo, 2026 es el año en que se decide el rediseño más profundo del sistema en tres décadas: en pocos meses se licitan simultáneamente 3.900 kilómetros de rutas, el ferrocarril de cargas estatal y la vía navegable por donde sale el 80% de la exportación. Es también un tema de agenda ciudadana directa: la ruta rota se ve, se sufre y se vota. Conviene fijar algunos términos antes de entrar al tema.

Brecha de infraestructura
La distancia entre el stock de infraestructura que un país tiene y el que su economía necesita para crecer. No se cierra con una obra: se cierra con décadas de inversión sostenida. Las estimaciones para la Argentina hablan de necesidades de inversión anuales superiores al 1,5% del PBI durante quince años solo para infraestructura económica.
Costo logístico
Lo que cuesta mover un producto desde donde se produce hasta donde se vende, como porcentaje de su valor. Es el impuesto silencioso de la infraestructura deficiente: en regiones alejadas de los puertos puede representar entre el 10% y el 20% del precio de venta, con costos hasta 50% superiores a los de otras regiones comparables. Lo pagan la producción y el consumidor, no el presupuesto.
Matriz de cargas
Cómo se reparte el transporte de mercadería entre camión, tren y barco. La Argentina tiene una de las matrices más camión-dependientes del mundo: más del 90% va por ruta. El tren y la hidrovía son más baratos por tonelada-kilómetro en larga distancia, pero exigen una infraestructura que hay que construir y mantener.
Open access ferroviario
El modelo que separa la vía del tren: un gestor administra la infraestructura y cualquier operador puede correr sus formaciones pagando un canon. Es el esquema elegido para la privatización del Belgrano Cargas — y su incógnita central es quién invierte en la vía cuando el negocio está en el tren.
Red Federal de Concesiones
El programa con el que el gobierno nacional transfiere al sector privado la explotación, administración y mantenimiento de los corredores viales rentables, por peaje y sin subsidio público. Cubre unos 9.000 kilómetros de los casi 40.000 de la red nacional: el resto queda fuera del modelo.
Vía Navegable Troncal
El sistema de dragado y balizamiento del Paraná y el Río de la Plata —conocido como hidrovía— por donde sale alrededor del 80% de la exportación argentina. Concesionada a privados desde 1995 hasta 2021, administrada por el Estado desde entonces, y en proceso de nueva concesión por 25 años.
I
Origen
del problema
Un péndulo entre Estado y mercado que nunca resolvió cómo sostener inversión de largo plazo en un país de crisis recurrentes.

La historia de la infraestructura argentina no es la historia de una decisión sino la de un péndulo. El Estado construyó, dejó de mantener, privatizó, reestatizó y volvió a privatizar — y en cada oscilación, el problema de fondo quedó intacto: la infraestructura exige capital paciente a treinta años y la Argentina ofrece ciclos de crisis cada diez. Sin crédito largo ni moneda estable, ni el Estado sostiene planes plurianuales ni el privado consigue financiamiento.

A ese péndulo se le sumó una herencia política: la obra pública quedó asociada a la corrupción —la causa Vialidad, con condena firme a una expresidenta, y la causa de los cuadernos—, lo que dio legitimidad al retiro total del Estado, aunque el problema fuera el desvío y no la inversión. El resultado es la secuencia que sigue.

La secuencia del péndulo
1948–1990
El Estado nacionaliza los ferrocarriles —47.000 kilómetros, la octava red del mundo— y durante cuatro décadas los administra con déficits crecientes y desinversión. La red operativa se achica sin decisión formal que lo declare: el país migra su carga al camión mientras la vía se oxida.
Años 90
Primera privatización general: concesiones ferroviarias de carga, peajes en los corredores viales y, en 1995, la concesión del dragado y balizamiento del Paraná, que profesionaliza la vía navegable y acompaña el boom sojero. El modelo funciona donde hay negocio; donde no lo hay, la infraestructura deja de mantenerse.
2003–2015
Reestatizaciones parciales y obra pública como motor económico — y como caja política. La inversión crece, pero con sobreprecios y direccionamiento que terminan en la causa Vialidad. Queda una marca doble: infraestructura construida y un argumento durable contra la obra pública estatal.
2018–2020
El experimento de Participación Público-Privada (PPP): seis corredores viales adjudicados para construir 4.000 kilómetros con financiamiento privado. Las empresas nunca consiguen el financiamiento; la ejecución promedio llega al 2% y se terminan 6 kilómetros. Los seis contratos se rescinden. Anunciar inversión privada no es conseguirla.
2023
El nuevo gobierno declara terminada la obra pública nacional — "no hay plata". Se paralizan más de 2.300 obras en ejecución en todo el país. La inversión pública nacional cae de 1,3% del PBI a menos de 0,4%.
2025
Se disuelve Vialidad Nacional como organismo autárquico y se lanza la Red Federal de Concesiones: los corredores rentables se licitan al privado, sin subsidio, con peaje. Las etapas I y II se adjudican entre fines de 2025 y mediados de 2026.
2026
El año del rediseño total, en tres licitaciones simultáneas: la Etapa III de concesiones viales (3.900 kilómetros, 20 ofertas), la privatización del Belgrano Cargas bajo open access, y la concesión de la Vía Navegable Troncal por 25 años. En paralelo, un decreto transfiere rutas nacionales a nueve provincias — sin los fondos del impuesto a los combustibles que la ley destina a vialidad.
Síntesis

Ochenta años de péndulo entre Estado y mercado dejaron una constante: la infraestructura argentina nunca tuvo un inversor de largo plazo — ni público ni privado. 2026 es el intento más radical de resolverlo por una de las dos puntas.

II
Diagnóstico
actual
La red se degrada, la carga va en camión, la inversión está en el piso histórico — y la producción vuelve a crecer.

El estado de situación se resume en una paradoja: la producción argentina vuelve a crecer sobre una infraestructura que se achica. El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) aprobó más de 11.600 millones de dólares en proyectos energéticos; el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) —2.486 millones de dólares, 73% de avance— prevé sus primeras exportaciones para diciembre de 2026. Mientras tanto, la construcción acumula una caída superior al 20% desde noviembre de 2023 (Instituto Nacional de Estadística y Censos, INDEC) y el costo del transporte automotor subió 37% en 2025 y 15% más solo en el primer trimestre de 2026 (índice de la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas, FADEEAC).

Sobre el estado de la red conviene exhibir la divergencia: los relevamientos difundidos por la Federación del Personal de Vialidad Nacional (Fepevina) ubican entre el 60% y el 70% de las rutas nacionales en estado regular o malo; el gobierno no publica un número único comparable — el propio retiro del organismo que medía volvió más difícil tener cifra oficial. En el ferrocarril, el Norte Grande tiene más de 10.000 kilómetros de vías pero solo el 25% operativo (estudio del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento, CIPPEC, con el Banco Mundial); el sistema mueve una fracción menor al 5% de las toneladas del país — estimación razonada consistente con las series de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte.

El diagnóstico en cuatro cifras
0,3% PBI
Inversión pública nacionalPresupuesto 2026 según ASAP, contra 1,3% en 2023; el texto oficial lo presenta como 0,4%. Tercer año en el piso histórico.
2 de 3
Rutas en mal estadoKilómetros de red nacional en estado regular o malo (relevamientos Fepevina, 2026).
90%+
Carga en camiónDe la mercadería del país viaja por ruta; el tren mueve menos del 5% (FADEEAC).
80%
Exportación por el ríoSale por la Vía Navegable Troncal: unos 4.500 buques al año (ANPYN).
Las tres licitaciones que rediseñan el sistema — julio 2026
ProcesoQué se transfiereEstado y punto crítico
Rutas — Etapa III, Red Federal de Concesiones3.900 kilómetros en ocho tramos: explotación, administración y mantenimiento por peaje, sin subsidio público. Con las etapas anteriores, el modelo cubre unos 9.000 de los casi 40.000 kilómetros de la red.20 ofertas recibidas, 19 precalificadas; apertura de ofertas económicas el 6 de julio.Limitación: el 75% de la red —la no rentable— queda fuera del modelo, sin organismo ni presupuesto asignado.Primera licitación vial sin subsidio con competencia real en décadas.
Ferrocarril — Belgrano CargasPrivatización total bajo open access (Decreto 67/2025): material rodante a subasta, vías e inmuebles a licitación, talleres a concurso. Concesión a 50 años; lo recaudado se destina a renovar vías en los tramos de mayor carga.Licitación lanzada a fines de marzo; adjudicación prevista para mitad de año y traspaso en diciembre.Limitación: la incógnita del open access — quién invierte en la vía cuando el negocio está en el tren.Disputa entre cerealeras y mineras por el corredor del norte.
Hidrovía — Vía Navegable TroncalDragado, balizamiento y cobro de peaje del corredor por donde sale el 80% de la exportación. Concesión a 25 años (ANPYN).Definición entre dos dragadoras belgas que ofertaron el mismo precio mínimo; la fiscalía anticorrupción denunció irregularidades por presunto direccionamiento.Limitación: la licitación más sensible del país avanza con su legitimidad cuestionada.La perdedora ofreció operar con tarifa 17% menor — la disputa sigue abierta.

La teoría causal separa lo que suele mezclarse. Causas: la volatilidad macroeconómica que impide el capital paciente —el fracaso PPP de 2018 no fue un accidente sino su manifestación—; la inversión como variable de ajuste en cada consolidación fiscal, porque la obra no tiene ventanilla que grite y su costo se difiere; y la desconfianza heredada de la corrupción, que legitima el retiro total. Consecuencias, no causas: el costo logístico que resta competitividad —entre 10% y 20% del precio de venta en las regiones alejadas de los puertos—, la matriz camión-dependiente, la siniestralidad —4.060 muertes viales en 2025 según la Agencia Nacional de Seguridad Vial, apenas por encima de las 4.043 de 2024 y entre las más bajas en dos décadas, aunque con la ruta nacional muy por encima de la provincial— y la brecha: se estiman necesidades de inversión de 1,68% del PBI anual hasta 2040, y entre 10.000 y 20.000 millones de dólares solo para volver al estado de la red de diciembre de 2023 — estimaciones de la Cámara Argentina de la Construcción, fuente interesada y por eso consignada como tal.

Síntesis

El problema no es que falte una obra: es que el país volvió a tener algo que transportar y todavía no decidió quién construye y mantiene el sistema que debe moverlo.

III
Mapa
del debate
Cuatro posiciones reales, ordenadas por cómo responden una misma pregunta: quién financia y quién gestiona.

El debate no se ordena por grieta. Las cuatro posiciones en pugna responden de manera distinta a una misma pregunta —quién debe financiar y gestionar la infraestructura— y cada una tiene su mejor argumento, que conviene tomar en serio.

IEl retiro como política
El Estado nacional no debe construir: debe licitar. Donde hay tránsito hay peaje, donde hay carga hay canon, y el capital privado llega si las reglas son creíbles y el fisco está en orden. La obra pública fue déficit y corrupción; las concesiones sin subsidio son la alternativa moral y fiscal. Su mejor argumento: por primera vez en décadas hay veinte oferentes compitiendo por rutas sin un peso de subsidio, y el RIGI demostró que el capital aparece cuando el marco es estable. El Estado quebró haciendo rutas; que las haga quien pueda cobrarlas.
VocesEl gobierno nacional —Presidencia y Ministerio de Economía— y los equipos que diseñaron la Red Federal de Concesiones y las privatizaciones ferroviaria y de la hidrovía.
IILa inversión pública como piso
De los casi 40.000 kilómetros de red nacional, el modelo de concesión cubre unos 9.000: los rentables. El resto no tiene tránsito que pague peaje y sin inversión estatal se vuelve intransitable. La inversión en 0,3% del PBI no es austeridad: es descapitalización, y reparar después cuesta el triple que mantener hoy. Su mejor argumento: ningún país de ingresos medios cerró su brecha de infraestructura sin inversión pública sostenida — el punto de comparación no es 2023 sino el 1,5–2% del PBI que invierten los vecinos. Lo que no se mantiene no se ahorra: se paga más caro después, y mientras tanto se paga con vidas.
VocesLa Cámara Argentina de la Construcción, Fepevina y los gremios viales, gobernadores de provincias con redes extensas y baja densidad, buena parte del arco opositor.
IIILa planificación como falta
Ni estatismo ni retiro: lo que la Argentina no tiene es un mapa. No existe un plan nacional de infraestructura crítica que diga qué corredor destraba qué producción, qué obra reduce qué costo logístico y en qué orden. Sin eso, la inversión —pública o privada— la decide la coyuntura: el peaje rentable, el reclamo más fuerte, la foto política. Su mejor argumento: la oportunidad exportadora tiene fecha —los mercados de energía y minerales se reorganizan ahora— y llegar tarde con la logística equivale a no llegar. La infraestructura no es obra pública ni negocio privado: es política de competitividad, y hoy no la está pensando nadie.
VocesCIPPEC, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco Mundial, las bolsas de comercio y las cámaras exportadoras.
IVLa federalización trunca
Las provincias aceptan asumir rutas nacionales —nueve ya lo hicieron por decreto— pero denuncian el diseño: se transfiere la responsabilidad sin los fondos. El impuesto a los combustibles tiene asignación legal a infraestructura vial y la Nación lo retiene en la caja general mientras delega el mantenimiento. Su mejor argumento: la Constitución no obliga a las provincias a financiar con recursos propios la red de otra jurisdicción, y el esquema solo funciona para las que tienen espalda fiscal — las demás quedan con la ruta rota y sin herramienta. Esto no es federalismo: es transferencia de costos con retención de fondos.
VocesGobernadores dentro y fuera del esquema —los nueve firmantes con reservas; los excluidos, como La Pampa, con reclamo abierto— y legisladores provinciales de todo el espectro.
Lectura del mapa

Las posiciones I y II repiten el péndulo histórico Estado-mercado; las posiciones III y IV lo cruzan con las dos preguntas que el péndulo nunca respondió: con qué criterio se prioriza y en qué nivel de gobierno queda la responsabilidad. El debate real de la década no es "obra pública sí o no" — es si el retiro nacional deviene sistema o simplemente vacío.

IV
Las decisiones
que faltan
Las contesta la política, no la técnica. Y el costo de no contestarlas también es una decisión.

Ninguna de estas preguntas se responde con un pliego de licitación. Son las que la dirigencia —oficialismo y oposición, Nación y provincias— tiene pendientes, y cada una tiene un costo de no-respuesta que ya está corriendo.

  1. ¿Quién mantiene los 30.000 kilómetros que ningún privado va a tomar? El modelo de concesiones cubre la cuarta parte de la red; para el resto no hay hoy ni presupuesto, ni plan, ni organismo. ¿Inversión nacional focalizada, transferencia con recursos, o degradación asumida?
  2. ¿Qué se hace con el impuesto a los combustibles? Tiene afectación legal a infraestructura vial y hoy engrosa la caja general mientras las rutas se transfieren sin fondos. ¿Se aplica a su destino legal, se coparticipa a las provincias que asumen rutas, o se blanquea que es renta general?
  3. Después del fracaso de los contratos de Participación Público-Privada de 2018, ¿qué hace creíble esta ronda? Aquellos también tenían oferentes entusiastas — lo que nunca llegó fue el financiamiento. ¿Qué diseño contractual y qué esquema de riesgo cambiaron para que esta vez el capital aparezca y se quede treinta años?
  4. En el ferrocarril open access, ¿quién invierte en la vía? El negocio está en operar trenes; el costo hundido está en la infraestructura. Si el canon no alcanza para renovar vías —y la experiencia internacional dice que rara vez alcanza—, ¿el Estado vuelve a poner, y con qué prioridad?
  5. ¿Existe un mapa nacional de infraestructura crítica — qué corredores destraban exportaciones, con qué secuencia, decidido por quién? ¿O la inversión de la década la va a decidir, por defecto, la rentabilidad de corto plazo de cada licitación?
  6. Disuelto el organismo y dispersa la red entre concesionarios, provincias y Nación: ¿quién mide el estado de las rutas, quién audita los contratos por resultados y ante quién responde el concesionario que no cumple?
Cierre

No decidir también es decidir: dejar cada una de estas preguntas abierta equivale a resolverla por defecto — y por defecto, la resuelve la rentabilidad de cada corredor, no el interés del país.

V
Hacia
dónde
Tres escenarios, una sola variable de fondo: el costo del capital de largo plazo.

La variable común a todos los escenarios es una sola: el costo del capital. Todo el diseño 2026 apuesta a que la estabilización macroeconómica abarate el financiamiento privado de largo plazo. Si esa apuesta se cumple a medias, cada escenario se degrada un escalón.

  • El país de dos velocidades — el más probable si nada más cambia.Las concesiones rentables funcionan: corredores troncales mejorados, hidrovía profundizada, trenes de carga donde hay mineral y grano. El resto de la red se degrada sin organismo ni presupuesto que la sostenga. El país se parte logísticamente: el territorio con negocio se integra al mundo; el territorio sin negocio queda a distancia creciente de todo. La brecha regional se vuelve física.
  • La repetición — el riesgo conocido.El costo del capital no baja lo suficiente, los adjudicatarios no cierran el financiamiento, los contratos se renegocian a los dos años y el ciclo de las PPP se repite con otro nombre: obras anunciadas, ejecución mínima, rescisión — y otra década perdida, con la red partiendo de un estado peor que en 2018.
  • La complementariedad — el que exige más decisiones.El privado toma lo rentable y funciona; el Estado nacional reconstruye una capacidad mínima de planificación y focaliza inversión pública en la red no rentable con criterios explícitos de priorización productiva; las provincias que asumen rutas reciben los fondos con destino legal. Exige lo que ningún escenario anterior logró: que el péndulo se detenga en un punto intermedio y se quede ahí más de un mandato.
Síntesis

Los tres escenarios ya tienen antecedente en la historia argentina. Lo único sin antecedente es el tercero sostenido en el tiempo — y es el único que cierra la brecha.

VI
Mirada
estratégica
Por qué este tema es más que rutas, trenes y dragado — lectura propia de ARTICULA.

La infraestructura es el tema donde el experimento argentino de 2026 se juega entero, porque es el único donde el retiro del Estado no se puede disimular: la ruta rota se ve. En casi todos los demás campos la discusión entre Estado y mercado admite matices contables; acá hay 40.000 kilómetros de asfalto que alguien mantiene o nadie mantiene.

La apuesta en curso es inédita en la historia argentina: nunca —ni en los noventa— el Estado nacional se había retirado simultáneamente de la ruta, el tren y el río. Las privatizaciones de los noventa transfirieron gestión con el Estado todavía presente como inversor y regulador; el diseño actual transfiere la gestión y desarma el organismo que planificaba, medía y controlaba. Si sale bien, la Argentina habrá encontrado un modelo de infraestructura sin déficit fiscal, algo que casi ningún país logró. Si sale mal, no habrá capacidad estatal a la cual volver.

Lo que este tema define sobre el tipo de país es más profundo que el estado del asfalto. Una matriz logística no distribuye solo mercadería: distribuye posibilidad. Decide qué provincia puede industrializar y cuál solo puede extraer, qué pueblo vive de paso y cuál queda fuera de mapa, qué producción compite y cuál muere en el flete. Un país cuya infraestructura la asigna exclusivamente la rentabilidad de cada corredor está eligiendo —sin votarlo— una geografía: la del negocio existente, congelada. La pregunta que la década le hace a la dirigencia no es si el peaje es mejor que el presupuesto. Es si la Argentina que viene se va a construir sobre un mapa pensado o sobre la suma de las licitaciones que cerraron.

El punto

El mercado puede financiar la infraestructura del país que ya existe; solo la política puede decidir la infraestructura del país que falta.

Nota metodológica

Sobre cómo leer este documento

Este documento integra la serie Argentina 2026–2036, ejes temáticos que ARTICULA propone como insumo para quien deba decidir política pública o quiera pensar en serio las cuestiones estructurales del país.

No es un programa de gobierno ni una receta. Es un ejercicio de ordenamiento con método: ARTICULA identifica el problema, expone las posiciones en pugna sin sentenciar cuál debe ganar, distingue el hecho de la lectura, y deja planteadas las decisiones que le corresponden a la política, no a la consultoría.

En este tema, ningún dato es neutro: quien mide el estado de las rutas es parte del debate sobre quién debe mantenerlas, y quien estima la brecha de inversión suele ser quien construiría las obras. Por eso el documento consigna la fuente de cada cifra, exhibe las divergencias en lugar de elegir el número cómodo, y rotula como "estimación razonada" o "fuente interesada" lo que corresponde — el caso de las estimaciones de la cámara de la construcción es explícito.

Las fuentes combinan organismos públicos y estadísticos, cámaras sectoriales, centros de investigación, organismos multilaterales y prensa especializada, relevados entre enero y julio de 2026. Las lecturas estratégicas son elaboración propia de ARTICULA y no representan la posición de ningún actor mencionado. Documento de trabajo.

Fuentes y referencias